Una Visión Holística a la Relación Profesional-Sujeto
I. La Terapia Floral como forma complementaria de promover el desarrollo profesional
La terapia floral, y su ejercicio, cuenta con un marco teórico-filosófico sólido y consistente, cuyos elementos se encuentran presentes a lo largo de toda la obra escrita del Dr. Edward Bach (1886-1936), más específicamente, se concentran en los cinco principios que fundamentan su propuesta filosófica, principios que él denomina "verdades fundamentales", necesarias de conocer, sin duda, por quienes ejercen la terapia floral puesto que según su autor, el conocimiento de dichas verdades han de permitir "conocer la naturaleza de la enfermedad".
El Dr. Bach fue un connotado médico inglés quien, en la primera etapa de su brillante carrera profesional, centró su quehacer y sus investigaciones en el campo de la inmunología y la bacteriología, resultando de ello el descubrimiento exitoso de vacunas que en ese entonces contribuyeron eficazmente al tratamiento de enfermedades crónicas. La gran preocupación de Bach durante toda su vida fue ayudar a aliviar el sufrimiento humano, de ahí precisamente el cumplimiento de su vocación de médico y su esfuerzo por encontrar vacunas que aliviaran el dolor generado por las enfermedades crónicas.
Su permanente preocupación de fondo por ayudar a quien sufre y, siguiendo la misma línea investigativa que le llevó al descubrimiento de las vacunas, lleva a Bach al descubrimiento de la terapia floral, sistema de sanación complementario a la medicina tradicional, que descansa en el poder curativo de las plantas y que va dirigido fundamentalmente a la sanación de aquellas emociones mórbidas que tanto sufrimiento causan al ser humano, tales como el miedo, el resentimiento, el odio y tantas otras. Son 38 en total las esencias florales descubiertas y preparadas por el Dr. Bach para sanar otros tantos estados emocionales alterados cuya presencia dificultan una buena calidad de vida y la felicidad que todo ser humano merece por derecho propio.
El planteamiento del Dr. Bach contiene una antropología filosófica, una cosmología y una metafísica de carácter religioso y un planteamiento ético. Al interior de esta malla conceptual Dios, el mundo y el ser humano se visualizan como tres realidades cuyo ser y función se implican y explican unas en función de las otras en un contexto ontológico de fondo que, de alguna manera, les es común y en el que interactuan como una unidad-totalidad orgánica y con sentido.
En ella resuena, de alguna manera, el pensamiento de algunos "grandes" de la filosofía, como por ejemplo, Platón, Aristóteles, Goethe y, más atrás en el tiempo aún, no es difícil reconocer la presencia latente de la hermosa obra de la filosofía hindú el Bhagavad Guita, y seguramente quien sepa reconocerlo, encontrará también allí algunos principios de la filosofía masónica.
El Dr. Bach insinua también en su propuesta filosófica un planteamiento que atañe a la dimensión psicológica del ser humano, o a la relación entre la facultad sanadora de las esencias florales y su acción en el psiquismo humano. Dicha relación y acción tiene, como telón de fondo su antropología filosófica. Sólo adentrándose en el concepto de ser humano que Bach nos presenta, será posible comprender cabalmente el "cómo", el "por qué" y el "para qué" de la acción sanadora de las esencias florales.
La Terapia Floral no es psicoterapia, ni medicina alopática o naturópata, pero incorpora algo de estos saberes terapéuticos. De la psicología recogemos el arte de la conversación, gracias a la cual se tiene acceso a la trama del síntoma y a construir realidades alternativas a las que el individuo describe acerca de sí, tanto de su pasado, presente y futuro. De la medicina, el interés por el bienestar de la salud orgánica así como un estilo literal de interpretación y tratamiento del síntoma físico[1]. En ese sentido, es que esta forma de intervención realiza una escucha asociativa del cuerpo, de la mente y de la realidad social y cultural del paciente en el marco de una conversación terapéutica, determinando el tratamiento floral para una persona.
II. Aproximación metodológica para una propuesta de autocuidado
El programa de autocuidado del equipo CAIF Rancagua desarrollado durante el año 2005, generó múltiples reflexiones a nivel individual y a nivel grupal. Cada integrante digirió de una manera especial esta palabra, toda vez que para algunos era un concepto cercano y para otros desconocido y misterioso.
La terapia floral, y su ejercicio, cuenta con un marco teórico-filosófico sólido y consistente, cuyos elementos se encuentran presentes a lo largo de toda la obra escrita del Dr. Edward Bach (1886-1936), más específicamente, se concentran en los cinco principios que fundamentan su propuesta filosófica, principios que él denomina "verdades fundamentales", necesarias de conocer, sin duda, por quienes ejercen la terapia floral puesto que según su autor, el conocimiento de dichas verdades han de permitir "conocer la naturaleza de la enfermedad".
El Dr. Bach fue un connotado médico inglés quien, en la primera etapa de su brillante carrera profesional, centró su quehacer y sus investigaciones en el campo de la inmunología y la bacteriología, resultando de ello el descubrimiento exitoso de vacunas que en ese entonces contribuyeron eficazmente al tratamiento de enfermedades crónicas. La gran preocupación de Bach durante toda su vida fue ayudar a aliviar el sufrimiento humano, de ahí precisamente el cumplimiento de su vocación de médico y su esfuerzo por encontrar vacunas que aliviaran el dolor generado por las enfermedades crónicas.
Su permanente preocupación de fondo por ayudar a quien sufre y, siguiendo la misma línea investigativa que le llevó al descubrimiento de las vacunas, lleva a Bach al descubrimiento de la terapia floral, sistema de sanación complementario a la medicina tradicional, que descansa en el poder curativo de las plantas y que va dirigido fundamentalmente a la sanación de aquellas emociones mórbidas que tanto sufrimiento causan al ser humano, tales como el miedo, el resentimiento, el odio y tantas otras. Son 38 en total las esencias florales descubiertas y preparadas por el Dr. Bach para sanar otros tantos estados emocionales alterados cuya presencia dificultan una buena calidad de vida y la felicidad que todo ser humano merece por derecho propio.
El planteamiento del Dr. Bach contiene una antropología filosófica, una cosmología y una metafísica de carácter religioso y un planteamiento ético. Al interior de esta malla conceptual Dios, el mundo y el ser humano se visualizan como tres realidades cuyo ser y función se implican y explican unas en función de las otras en un contexto ontológico de fondo que, de alguna manera, les es común y en el que interactuan como una unidad-totalidad orgánica y con sentido.
En ella resuena, de alguna manera, el pensamiento de algunos "grandes" de la filosofía, como por ejemplo, Platón, Aristóteles, Goethe y, más atrás en el tiempo aún, no es difícil reconocer la presencia latente de la hermosa obra de la filosofía hindú el Bhagavad Guita, y seguramente quien sepa reconocerlo, encontrará también allí algunos principios de la filosofía masónica.
El Dr. Bach insinua también en su propuesta filosófica un planteamiento que atañe a la dimensión psicológica del ser humano, o a la relación entre la facultad sanadora de las esencias florales y su acción en el psiquismo humano. Dicha relación y acción tiene, como telón de fondo su antropología filosófica. Sólo adentrándose en el concepto de ser humano que Bach nos presenta, será posible comprender cabalmente el "cómo", el "por qué" y el "para qué" de la acción sanadora de las esencias florales.
La Terapia Floral no es psicoterapia, ni medicina alopática o naturópata, pero incorpora algo de estos saberes terapéuticos. De la psicología recogemos el arte de la conversación, gracias a la cual se tiene acceso a la trama del síntoma y a construir realidades alternativas a las que el individuo describe acerca de sí, tanto de su pasado, presente y futuro. De la medicina, el interés por el bienestar de la salud orgánica así como un estilo literal de interpretación y tratamiento del síntoma físico[1]. En ese sentido, es que esta forma de intervención realiza una escucha asociativa del cuerpo, de la mente y de la realidad social y cultural del paciente en el marco de una conversación terapéutica, determinando el tratamiento floral para una persona.
II. Aproximación metodológica para una propuesta de autocuidado
El programa de autocuidado del equipo CAIF Rancagua desarrollado durante el año 2005, generó múltiples reflexiones a nivel individual y a nivel grupal. Cada integrante digirió de una manera especial esta palabra, toda vez que para algunos era un concepto cercano y para otros desconocido y misterioso.
De todo este proceso se revela una dinámica interesante, en tanto tod@s concluíamos (algunos más tarde otros más temprano) que nuestro autocuidado no se iniciaba sólo en un plan de trabajo que otorgara espacios catárticos y/o recreativos de cada uno de los integrantes, sino de qué manera en este quehacer la opción por la salud mental en lo social -recalcando esta dimensión- nos iba reparando a nosotros y por consiguiente a cada uno de aquellos y aquellas que iban llegando a nuestro Centro. De esta última mirada nace una de las reflexiones más complejas y completas de nuestro trabajo. El autocuidado implica procesos sanadores para el equipo, producto de la extenuación que se genera[2].
Las problemáticas que se abordan en este Centro, son situaciones traumáticas de las que la mayoría tienen carácter crónico, donde los procesos de elaboración de esas experiencias requieren un tiempo de intervención mayor que aquellas relacionadas con vulneraciones menos graves, entendiendo que el primer paso hacia la reparación está en reconocer la necesidad de apoyo externo para solucionar problemáticas que ocurren en espacios íntimos. La tendencia que se encuentra en el proceso reparatorio es la oscilación permanente de éxito o fracaso en la atención de los casos. Esta situación generaría o empeoraría situaciones de estrés en los integrantes del equipo, propiciando el burnout en ellos.
Sin embargo, lo anterior no se resuelve solo mirando hacia nosotros (el equipo) sino junto con ellos (los sujetos de intervención). Acá se nos devela una mirada interesante en lo psicosocial, una dimensión humanista de las problemáticas que uno vive y con las que convive a través de los/as niñ@s y sus familias, que asisten a nuestro Centro.
El ser humano, es él/ella y sus condiciones, en tanto es parte de un contexto que condiciona, de alguna manera, los sueños y deseos de cada persona, así como también podría tornarse en promotor de desarrollo y bienestar de éstos. Actualmente, nos vemos enfrentados a un escenario adverso, en el sentido de la existencia de patrones sociales (mercado, individualismo, globalización, etc.) que generan una fuerza reactiva hacia el humanismo como mirada ética y como consecuencia nos entrega como directriz un “vaciamiento” de lo humano o un “vaciamiento antropológico”[3]. Es decir, somos testigos de una progresiva desensibilización frente a nuestra propia humanidad y la del otro, una instrumentalización del ser humano a manos del propio ser humano, una “deshumanización” de las relaciones interpersonales y profesionales y una invisibilización del otro en cuanto ser humano
Según Víquez Lizano, filósofo, el recurso a este proceso degenerativo encuentra su instancia de solución en lo que él denomina como el “giro antropológico”, consistente en una vuelta al ser humano, en re-descubrir al otro y hacerlo visible en tanto ser humano con toda la profundidad de lo que es y de lo que significa, develar su rostro y considerarlo como si fuera “yo” sin dejar de reconocer su legítima diferencia conmigo[4].
Una suerte de solidaridad afectiva a desarrollar entre los consultantes y los integrantes del equipo, comportándose con ellos/as como me gustaría que me trataran. De esta reflexión, nace el transversalizar dos temas que habían sido objeto de trabajo durante estos primeros meses, la generación de una propuesta de autocuidado al equipo CAIF, que encuentra su sentido en una necesidad de abordar temáticas cognitivas, emocionales y espirituales que se veían afectadas en la relación consultante-tratante, y una línea de trabajo que nombramos como “línea de trabajo complementaria”[5], que desarrollaría técnicas (en la fase de intervención) de trabajo como el arte plástico, trabajo corporal, aromaterapia y terapia floral[6], con el fin de dar cuenta desde un enfoque holístico, las temáticas tan complejas con las que trabajamos (priorizando al ser humano y por lo tanto los derechos humanos), aludiendo a Kant “obra de tal modo que trates la humanidad tanto en tu persona como en la de los demás siempre como un fin nunca simplemente como un medio”.
La interrogante que se enuncia es: ¿por qué unirlas?, si aparentemente corresponderían a dos dimensiones distintas. Una enfocada al apoyo a la superación de la problemática de los usuarios del proyecto y otra a favor de las heridas que los profesionales puedan generar en su paso por éste.
Una posible respuesta se funda en que ambos espacios desarrollan un grieta común, aún cuando se generaran en ámbitos diferentes, ya que uno responde a las prácticas de vida privada y la otra es parte de la práctica laboral. Otra posible respuesta podría aparecer a partir de la superación de la división clásica en la intervención consultante y tratante[7], para advenir en una mirada más “progresista” en donde esta díada (las partes) se inciden unos a otros y estos inciden al todo (contexto)[8].
La hipótesis de acción que aparece en ese escenario es que si ambas partes comparten una herida, al plantear un enfoque teórico-metodológico integral que aborde la problemática como una “vulneración”[9] - y por lo tanto posible de ser tratada bajo un prisma común - se potenciará el desarrollo y la evolución emocional de los profesionales, así como la superación de la problemática y el equilibrio vital-experiencial, emocional y anímico de los usuari@s, considerando la legítima diferencia (Maturana 1997) entre las partes y los espacios para el ejercicio del abordaje.
Ambos desafíos (línea de trabajo complementaria- autocuidado del equipo) comparten un constructo común, sin embargo se diferencian en la manera de abordarlos, en tanto cada instancia tiene sus propios objetivos y sus metodologías de trabajo.
_______________________________
NOTAS
1. Susana Veilati, “UNA TERAPIA FLORAL INTEGRATIVA”; www.seflor.org
2. Cabe señalar que se parte del principio de que cada integrante del equipo, sea este profesional o no, interviene en el proceso terapéutico de los consultantes. Para profundizar respecto al tema, revisar Encuadre Centro CAIF
3. García Puelpan, Marila, en “Etica para terapeutas florales”, Santiago, 2005
4. Ibid.
5. Viene a complementar las líneas psicoterapéuticas y orientación familiar
6. Existe un documento denominado como “Derechos y responsabilidades del usuario”, en el cual se explicita esta línea de trabajo, considerando la voluntariedad para acceder a este apoyo terapéutico.
7. En la que ambos aparecen en escenarios distintos y con problemáticas sin relación, tendiente más a una mirada positivista de los fenómenos sociales.
8. Se referiría a fenómenos y relaciones entre los fenómenos, desde una mirada centrada en un enfoque dialéctico.
9. Los usuarios en su pasado y presente y los tratantes en su presente y futuro.
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2. Cabe señalar que se parte del principio de que cada integrante del equipo, sea este profesional o no, interviene en el proceso terapéutico de los consultantes. Para profundizar respecto al tema, revisar Encuadre Centro CAIF
3. García Puelpan, Marila, en “Etica para terapeutas florales”, Santiago, 2005
4. Ibid.
5. Viene a complementar las líneas psicoterapéuticas y orientación familiar
6. Existe un documento denominado como “Derechos y responsabilidades del usuario”, en el cual se explicita esta línea de trabajo, considerando la voluntariedad para acceder a este apoyo terapéutico.
7. En la que ambos aparecen en escenarios distintos y con problemáticas sin relación, tendiente más a una mirada positivista de los fenómenos sociales.
8. Se referiría a fenómenos y relaciones entre los fenómenos, desde una mirada centrada en un enfoque dialéctico.
9. Los usuarios en su pasado y presente y los tratantes en su presente y futuro.
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